Lo que un tipo digno dijo al cacique que le ofrecía cuatro duros por su voto en los años 30:
«En mi hambre mando yo».
Trump (pagar por voto si los republicanos conservan el Congreso en noviembre)
pretende comprar la dignidad de los más humildes’.
Ojalá le den una lección.

viernes, 15 de mayo de 2026

Florentino, como muchos líderes mundiales actuales,
incapaz de distinguir entre poder e impunidad.

www.eldiario.es/opinion/zona-critica/florentino-perez-hipertrofia

Florentino no ha sido un presidente más al uso porque es, antes que nada, un empresario que en su momento comprendió que el fútbol podía convertirse en la plataforma definitiva para ampliar influencia y prestigio. 

Quería convertir el Real Madrid en más que club, una marca global, un activo de poder blando capaz de competir con las grandes corporaciones del entretenimiento mundial. Y lo cierto es que lo consiguió. Consiguió, de hecho, la marca y los títulos.

Florentino concentra apoyos desde sectores muy distintos del madridismo porque encarna el poder en su estado más puro, con toda la capacidad de influencia y protección que implica, y porque existe una parte del entorno que ha terminado confundiendo la defensa del presidente con la defensa del propio club, como si uno hubiese engullido al otro. 

Ese es el problema estructural de cualquier liderazgo excesivamente personalista: cuando desaparece la crítica interna y toda discrepancia se interpreta como una deslealtad, la relación entre el líder y su entorno acaba convirtiéndose en una simple simbiosis autorreferencial. Y la adulación acaba convirtiéndose en la peor de las drogas porque el adulado deja de percibir el mundo tal y como es, y empieza a percibirlo tal y como le dicen que es, una visión que básicamente coincide con la suya propia. 

Es lo que ocurre con los líderes que llevan tanto tiempo en el poder - “Me tendrán que echar a tiros”, dijo-: llegado a un punto son incapaces de distinguir entre poder e impunidad.