El que no tiene dudas, el que está seguro de todo,
es lo más parecido a un imbecil. (J.M. Caballero)
son los días que faltan, según Sanchez, para que el 70% de la población quede vacunada y así lograr la inmunidad de grupo.
Ánimo y responsabilidad

desde que Cataluña tiene un Presidente en funciones.
¿Tan difícil es para ERC soltarse de la sombra de Junts e intentar un Gobierno progresista para el país?

viernes, 17 de diciembre de 2010

El euskera, el PP y Euskaltzaindia

Probablemente una de las noticias más interesantes que se ha producido esta semana en el microcosmo vasco sea la intervención de Antonio Basagoiti en la sede de la Real Academia de la Lengua Vasca sobre la posición de los populares ante un tema tan sensible como el euskera. El conjunto de la ciudadanía creo que debemos valorar positivamente, en su justa medida, sin desprecios prejuiciosos ni alabanzas injustificadas, las palabras de Basagoiti. 

Se ha dicho, con razón, que Basagoiti y con él la nueva generación de los dirigentes populares, han querido realizar un gesto de acercamiento al mundo euskaldun, dejando constancia de su compromiso con el euskera. Como si estuvieran dándose cuenta de que el perfil histórico del PP en lo que respecta al euskera  es un grave y pesado lastre para cualquier estrategia que pretenda la ampliación tanto de espacios políticos como de  electores. Como si por fin se hubieran dado cuenta, que el factor que más cuestiona la legitimidad de los populares para opinar sobre el euskera no reside en argumentos externos, sino en la falta de credibilidad social de sus palabras. 

Porque la discusión no es sobre si el presidente del PP tiene legitimidad para hablar sobre el euskera ¡Faltaría más! El problema que más mina la legitimidad es la carencia de credibilidad social y política. Sin ánimo de establecer analogías, algo parecido le sucede a la izquierda abertzale cuando habla de la paz y de rechazo de la violencia. Nadie cuestiona o debería cuestionar su legitimidad. Sin embargo, tienen un enorme problema de credibilidad que afecta a su legitimidad. La credibilidad fundamentalmente  se obtiene con los hechos, cuando la ciudadanía ve o cree ver que existe correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace, aunque a veces el marketing hace milagros. 

Espero y deseo que el acto y el discurso de Basagoiti en la sede de Euskaltzaindia no sean sólo marketing, que responda a un deseo sincero, como él mismo dijo, de “enterrar viejas disputas y malas prácticas”, y de situar el compromiso de los populares sobre el desarrollo y la promoción del uso del euskera en el terreno de los hechos y no en el terreno de la confrontación ideológica y política. 

Por ejemplo, si de verdad estimamos que es bueno, en primer lugar, para ellos y, en segundo lugar, para la sociedad, que todos los alumnos/as alcancen conocimientos suficientes de euskera y castellano que les permita ser bilingües activos, me gustaría  discutir con los populares sobre las estrategias de aprendizaje en la enseñanza bilingüe que facilitan la consecución de ese objetivo. Me aburre la discusión ideologizada donde unos reprochan odio, y otros no ven más que imposición y coacción. Por eso le recomiendo a Basagoiti que no sitúe el debate entre lo impositivo y lo no impositivo, entre la ‘amenaza y el dogma’, de un lado, y la ‘libertad y la pluralidad’, por otro. No está ahí el debate entre nosotros, afortunadamente. Pretender hacerlo resulta hiriente para muchos euskaldunes que día a día viven y sufren una realidad muy distinta. 

Nuestro sistema normativo a nivel de regulación de los derechos lingüísticos excluye la imposición a la ciudadanía de la obligación de conocer el euskera. Resulta sorprendente que hablando de imposición nos olvidemos del modelo fijado en el artículo 3 de la Constitución, donde se impone el deber del conocimiento del castellano. Cuando no existía ninguna necesidad de elevarlo a categoría jurídico constitucional, pues el conocimiento del castellano es una realidad fáctica consecuencia de su enorme implantación, resulta hiriente la decisión de los constituyentes que impusieron la jerarquía jurídica entre el castellano y las lenguas oficiales de las comunidades autónomas, como si se tratara de dejar constancia de la superioridad de una lengua sobre otras. 

El euskera ha necesitado del nacionalismo para sobrevivir, con todos los pros y contras que ello ha supuesto. Ahora  para llegar a ser la lengua común de todos los vascos necesita también de los llamados no nacionalistas. Lo que se ha de evitar es que las formaciones políticas necesiten del euskera para su pelea.

Xabier Gurrutxaga (2010-12-16)