Vibrante y poético, merece la pena ser visto y supone un novedosa aportación al espectáculo teatral, si bien, en mi opinión, en la segunda parte, la del infierno, sobran algunos minutos de escena.
La UE debe proponer su propia alternativa, sin vasallajes, sin caudillismos.
En Davos se ha empezado a ver que hay que poner "pie en pared".