Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

jueves, 29 de junio de 2017

Que Iglesias y Sánchez dejen de mirarse al ombligo o al pasado para mirar a Mariano y al futuro puede animar a la apesadumbrada socialdemocracia

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Todo el mundo sabe que Mariano Rajoy ha cimentado su éxito y su estrategia desde el 20-D sobre un convencimiento: dado que los dos partidos a la izquierda, PSOE y Podemos, se disputan el mismo electorado, jamás iban a ser capaces de entenderse y forjar una coalición capaz de conformar una mayoría alternativa. A esa hipercompetencia electoral, Rajoy seguramente también sumaba a su favor las décadas de agravios pendientes entre la "socialdemocracia" y la llamada "verdadera izquierda". Hasta ahora ese convencimiento se ha cumplido como un seguro que le ha permitido sacar adelante la legislatura sin grandes apuros.
Pero nada es eterno, ni dura eternamente; ni siquiera para Rajoy. La primera reunión entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez tras Vistalegre 2, y las primarias que marcaron la resurrección de líder que le llamó "indecente", no traen buenas noticias ni para el presidente, ni para su aclamada estrategia.