Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

jueves, 22 de junio de 2017

Muchos se subieron a un tigre del cual ya no saben descabalgarse, aun cuando en la intimidad, en catalán, confiesan querer bajarse.

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Martín desenmascara un secreto que retumba en las Ramblas: a mayor clase social y acomodo en la burguesía rampante, mayor adhesión al independentismo. 

A muchos les da igual que Marta Ferrusola asista a los actos oficiales del Opus Dei, que todos los hijos estén con las manos metidas en el cajón de los dineros públicos, que el 3% se convirtiese en el 4, 5 o más por ciento. Por cientos y por miles. Eso es lo de menos. 

Lo de más es que España les roba, ideas fuerza, ideas negativas sobre los españoles, positivas sobre nosaltres; así que resulta incompatible ser secesionista y ser capaz, a su vez, de denunciar la estafa pujolista.

Martín también dice que el lenguaje es vital, y debemos cuidarlo y respetarlo; no por limpiar, fijar y darle esplendor, no, sino porque la democracia empieza en el lenguaje, en la fidelidad a los términos, en que si empezamos a pervertir los términos, acabamos estropeando todo con la ayuda de una lengua manipulada a nuestro placer.