Hemos vimos que la sociedad estadounidense votó contra las políticas que solo empobrecen.
Contra el odio. Contra el machismo. Contra el negacionismo climático y contra los privilegios de las élites.
Ocurrió en Brasil. Acaba de ocurrir en EEUU. Y ocurrirá pronto en España.
La ola ultra a la que pretenden subirse Feijóo y Abascal ya no crece: se desmorona.
Colaboremos en ello. Vota antifascismo. Vota progreso.

lunes, 8 de junio de 2020

Ven, Capitán Trueno, y haz que gane el bueno

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Si Felipe González hubiera tenido mayor caradura de la que ya tiene, se hubiera perpetuado muchos años más en el poder. Habría bastado que un buen día de 1989 hubiera comparecido ante el país para decir: "Señoras y señores, asumo la responsabilidad del GAL como presidente del gobierno que soy". Hubiera fascinado. A continuación, tras disolver el parlamento, habría arrasado en las siguientes elecciones. Le faltó reconocer lo malo que era para redondear su éxito.
Por eso Trump no se anda con rodeos. Por eso Bolsonaro no se corta un pelo y mete en la cárcel a demócratas utilizando jueces que luego premia con ministerios… y ahí sigue porque los votos se lo consienten. Los votos de los fascinados, porque el mal fascina.
El malo chulo, el malo soberbio, el malo que va de sobrao por la vida, se acaba llevando el gato al agua. Aquí lo tenemos bien comprobado, en este país en el que chapoteamos sin remedio desde que a principios del siglo XIX no se nos ocurrió nada mejor que reclamar el regreso de Fernando VII. Desde entonces no levantamos cabeza.