Los vicios de origen de la Constitución de 1978 van haciendo que las instituciones sean cada vez más frágiles y que el sistema político padezca crisis recurrentes de legitimidad, y a la vez son los que lastran el discurso del rey de manera insoslayable. Formalmente el discurso habrá sido correcto y la puesta en escena probablemente para muchos incluso brillante, pero el problema es que en un momento crítico y hasta angustioso como el que estamos atravesando, el discurso del Jefe del Estado no va a tener el mínimo efecto en la sociedad española. Ha entrado por un oído y saldrá por otro. Es así, independientemente de la voluntad del rey.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..
