Hemos vimos que la sociedad estadounidense votó contra las políticas que solo empobrecen.
Contra el odio. Contra el machismo. Contra el negacionismo climático y contra los privilegios de las élites.
Ocurrió en Brasil. Acaba de ocurrir en EEUU. Y ocurrirá pronto en España.
La ola ultra a la que pretenden subirse Feijóo y Abascal ya no crece: se desmorona.
Colaboremos en ello. Vota antifascismo. Vota progreso.

viernes, 6 de noviembre de 2026

En el "Bilbao museoa", un arte contemporáneo difícil de observar, digerir y asimilar.

El arte contemporáneo puede ser vertiginoso y confuso, pero no dejes que el prejuicio gane.
Si algo tiene el arte contemporáneo es una capacidad enorme para hacernos sentir confundidos, asfixiados, cuestionados y hasta estafados. Aptitud que se debe en muy buena medida a las exigencias que las prácticas estéticas sostienen a la fecha, pero que también parten de los prejuicios y suposiciones —a veces hasta sesgos— que hemos heredado en términos de cultura.
Entrar a un museo y pensar con el ceño bien fruncido «¡Esto lo pudo haber hecho mi sobrino de cuatro años!» o «¿Por qué estoy viendo un montículo de cachibaches en medio de esta sala?» no es para nada accidental. Por años y años se nos dijo que el arte era una suma —casi exacta— de técnica, maestría en materiales, uso preciso de herramientas, dominio en perspectiva, control, orden, exactitud anatómica (o estructural) y, sobre todo, belleza. Pero ahora las cosas son muy distintas. ¿Y eso está mal? ¿Hay algo de equivocado en ello?

Es cierto que el arte contemporáneo puede ser más difícil de observar, digerir y asimilar.
Un tipo de arte que se desarrolla hoy en todo el mundo desde finales del siglo XX. Se caracteriza por estilos innovadores, enfoques experimentales y desafíos a las ideas tradicionales sobre lo que debería ser (o no) el arte. A menudo, se le considera una práctica más centrada en el proceso de creación artística y sus ideas o reflexiones que en el producto final.

Este tipo de arte no se rige por las reglas ni las convenciones tradicionales; nos pide y exhorta a pensar fuera de los moldes, y a no temer frente a nuevas ideas o asuntos controversiales.

Hay quienes se abonan al hecho de sentir que el arte contemporáneo no es más que letreros de neón, objetos que se hacen llamar «encontrados» y «descontextualizan el espacio», calaveras adornadas como bola disco, varillas y llantas. Y sí, mucho hay de eso. Pero existe también mucho arte contemporáneo que (lejos de la pintura, el grabado y el dibujo) aporta en discusiones sociales, políticas y estéticas. Y para eso, hay que informarse y saber cómo entrar a esta conversación; sólo así podemos discernir entre las obras que valen la pena y los viles chistes canalla del mercado. (
acento.mx/ideas/arte-contemporaneo-Paris-Jimenez)