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lunes, 7 de septiembre de 2015

Puede que Artur Mas pensara resolver sus problemas jugando a secuestrar a Cataluña para pedir rescate al Estado, pero el enredo se ha complicado

La aventura independentista de Artur Mas le recordaba ayer a Manuel Vicent en El País a la película Fargo de los hermanos Coen, premiada con un Oscar al mejor guion. 

Fargo es un pequeño pueblo de Dakota del Norte. Allí un tal Jerry, yerno de un ricachón, un pobre diablo metido en apuros económicos, contrata a dos descerebrados y concierta con ellos que secuestren a su mujer para pedir el rescate a su suegro y repartirse el dinero. El secuestro se produce sin problemas, pero de camino a la cabaña donde los malvados piensan retener a la chica, un policía da el alto al coche para multarlo por exceso de velocidad. En medio de la discusión uno de los secuestradores se pone nervioso, dispara sobre el policía y lo mata. El asunto se complica aún más porque esta escena ha sido presenciada casualmente por dos testigos a los que no hay más remedio que liquidar. A la hora de pagar el rescate el suegro de Jarry, que es un tipo duro y avaro, quiere hacerlo por sí mismo puesto que se trata de su hija. Llega a la cabaña donde uno de los secuestradores, que custodia a la chica, lo toma por un policía y ambos se lían a tiros. En resumen, un lelo entrampado en deudas, unos secuestradores patosos y un suegro codicioso y duro de mollera convierten en un baño de sangre lo que parecía un juego, casi una broma. 

Puede que Artur Mas, heredero de Pujol, pensara resolver sus problemas políticos y económicos jugando a secuestrar un poco a Cataluña para pedir rescate al Estado, pero el enredo soberanista se ha complicado y Mas en su huida hacia adelante lo ha convertido en un fatal despropósito. 

En este maldito embrollo, de momento, no hay violencia, solo torpeza, pero si Artur Mas es Jerry y su suegro es el Estado gobernado por un Rajoy sin cintura, a los espectadores de esta tragicomedia les toca decidir cuál de estos dos personajes es más cerril y más torpe.