Si para presentarte a unas elecciones, supuestamente democráticas, es imprescindible avalar con tu patrimonio personal
el 15% del presupuesto del club, más de 850 millones de euros. y debes aportar un preaval de 130 millones de euros,
las elecciones muy democráticas no son. De hecho no se realizan desde hace 20 años.
Digamos que hablo "del Madrid".

sábado, 14 de noviembre de 2015

Ni yihadismo ... ni fascismo

Los brutales atentados de París nos obligan a serenarnos y plantearnos, en primer lugar, el tipo de sociedad que queremos ser y, después, la respuesta que daremos a delitos de tanta gravedad; las primeras reacciones de los políticos no parecen apuntar en la dirección correcta y sí sugieren que se pretenderá usar la barbarie yihadista como una nueva excusa para recortar nuestras libertades y derechos. La pregunta es si lo vamos a permitir o no.

Tales medidas solo han servido para recortar la libertad y los derechos civiles de millones de ciudadanos pero, muy al contrario de lo que nos prometieron, no han servido para que nuestras sociedades sean más seguras, más igualitarias, más solidarias o más democráticas sino todo lo contrario y marcadamente fascistas.


En la forma en que han actuado, y siguen actuando, los Estados Unidos no combate un fenómeno criminal como el yihadismo, más bien se le alimenta y potencia hasta niveles tales como los que estamos viendo en la actualidad. Nadie en su sano juicio puede pensar que a unas personas religiosamente radicalizadas se les va a convencer, combatir o anular con más violencia porque, justamente, esa violencia es la que alimenta su odio y su radicalismo. 

Frente al yihadismo no existen atajos ni trampas al solitario; una sociedad democrática, ante ataques como el de París, ha de crecerse y definirse pero jamás implicarse en actos que nos alejan de aquello que queremos ser o presumimos de ser.


Solo hay un camino para combatir el fanatismo y espero que no se escoja ningún otro y, mucho menos, que se nos recorten derechos y libertades como si de ello dependiese nuestra seguridad porque no es cierto y quien lo diga miente o pretende arrastrarnos hacia un fascismo incompatible con lo que, mayoritariamente, deseamos como modelo de sociedad.