Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Destrozar un bien o servicio público es atacar a la sociedad.


Así es, así ha sido y, parece ser, que así será, de momento.
En este país convivimos con un grupo de "frustrados-cobardes"
que para "encauzar" su "mala hostia"
se han dedicado sistematicamente 
a quemar bienes públicos. 

No tienen "narices" para hacerlo con los privados.
Pero como lo público a escote no es caro
resulta mucha más sencillo putearlo.

Eso sí, además, incluso a veces, 
pueden adornarlo con matiz "político",
como los asesinatos de ETA,
y, con un poco de suerte, 
de apoyo colateral y acojono de la administración. 

Así que ... ¡tranquilos! , que no os pasará nada.