viernes, 14 de enero de 2022

Los bulos como instrumento de acción política

Si hubiera que elegir un deseo para este 2022 (más allá de la buena salud física y mental de la gente a la que uno quiere) el mío no sería que desapareciesen los bulos (la ingenuidad tiene límites, y la magia también), sino que consiguiéramos al menos contrarrestar sus efectos más nocivos y avergonzar a quienes desde la política o los medios los utilizan con absoluto desparpajo.

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Se lanza a los cuatro vientos el mensaje de que el ministro de Consumo, Alberto
Garzón, ha "atacado a todo el sector ganadero español" afirmando que la carne que se exporta "
es de mala calidad" (ver aquí). Al margen de la oportunidad de las declaraciones, lo que se dice que dijo es falso. Garzón lo demuestra aportando la transcripción literal de la entrevista a The Guardian en la que se basa esa acusación (ver aquí). Da igual, porque ya todas las pistas del circo están actuando.

Reconozco moverme entre el escepticismo y el pesimismo acerca del clima político y de la compleja batalla en defensa de un periodismo fiable como antídoto frente a los bulos y la desinformación. Pero, como Frank Capra ponía en boca de James Stewart en Caballero sin espada, "las causas perdidas son las únicas por las que merece la pena luchar".