«Sabiduría y poder coinciden muy pocas veces» (ALBERT EINSTEIN)

jueves, 8 de febrero de 2024

Terrorismo-ficción.

 Andan algunos funcionarios de la Justicia intentando, tarde y mal, encontrar terrorismo en las trayectorias de dirigentes indepes catalanes. Cuidado, que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía. Y casi siempre a la confusión.
No hay delitos de terrorismo severo sin muertos, lesionados muy graves, secuestrados o detenidos; como no hay asesinato sin cadáver. Así lo dice el artículo 537 del Código Penal. Es un texto no muy perfecto en la definición de terrorismo, pero sí concretando sus peores resultados, los que acabamos de resumir.
No hubo violencia durante el período del procés, de 2012 a 2017, hasta algunos conatos el día del referéndum ilegal. No hubo muertos ni secuestrados ni nada similar en las protestas incívicas y graves desórdenes públicos de 2019.
Atribuir a disidentes, incluso a los que intentaron un golpe de Estado –desarmado e incruento, pero golpe- actos terroristas es banalizar al terrorismo. Es una mofa a las víctimas. Y favorece, por rebote exagerado, a quienes cometieron otros delitos.
Miren lo que ocurre más allá de sus narices. En Irlanda del Norte acaba de tomar posesión como primera autoridad civil Michelle O´Neill, dirigente del partido que actuó como brazo político de la organización terrorista IRA. Presidieron el acto, todo sonrisas, parabienes y promesas de colaboración, los primeros ministros inglés e irlandés. Ambos, conservadores.