En una sociedad donde estamos acostumbrados a que los gastos militares se entiendan como los que surgen de las armas y de los ejércitos, suena razonable pensar que habría que añadir a los mismos, los gastos que surjan de las consecuencias de estos, es decir, de la atención a los heridos y refugiados provocados por el mismo conflicto. ¿No?
¿Por que se condena a una inmersión en una lengua que no conocen a la mayoría del alumnado vasco?
Exigir euskera en oposiciones garantiza que los puestos queden repartidos en una parte de su población, pero no su uso ni el acercamiento en positivo del resto a esa otra lengua propia del país.

