Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

domingo, 1 de abril de 2018

Un Aberri Eguna muy extraño

Un Aberri Eguna muy extraño
Siempre se ha reconocido en la intimidad que la carrera emprendida por Artur Mas a la cabeza del independentismo catalán les resultaba simpática a los del PNV. 

Elevada la tensión periférica sin coste alguno para el nacionalismo vasco, éste podía mostrar su solidaridad formal hacia la ‘vía catalana’, porque el absoluto bloqueo de las relaciones entre la Generalitat y el Gobierno Rajoy permitía a los gobernantes de Euskadi explotar en exclusiva el diálogo con Madrid.

Pero hasta esa ventaja relativa amenaza con venirse abajo, porque Puigdemont y la CUP, con la intermitente complicidad de ERC, están llevando las cosas demasiado lejos. 

Resulta contradictorio que el PNV muestre su temor a que se desmoronen los equilibrios de la política española de la que ha obtenido réditos durante décadas y que, al mismo tiempo, se ate de manos a la suerte que depare la evolución de la crisis catalana, negándose a negociar los Presupuestos Generales del Estado mientras el 155 continúe vigente. 

Y ello cuando la reivindicación de la «república vasca» por parte de EH Bildu carece de la energía política y social suficiente como para incomodar a los jeltzales. El de hoy se presenta como un Aberri Eguna muy extraño. El más extraño de las últimas ediciones.