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Y la Constitución republicana fue la herramienta utilizada para poner en práctica estos cambios radicales en un país que todavía presentaba actitudes y comportamientos propios de una sociedad semi feudal.
Valgan como muestras los siguientes fragmentos literales:
“Todos los españoles son iguales ante la ley”;
“El Estado español no tiene religión oficial”;
“España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”;
“No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios”;
“La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español”;
“La enseñanza primaria será gratuita y obligatoria”.
Hace 90 años, ser demócrata era sinónimo de ser republicano.
Al día de hoy, sin ser imprescindible,
es razonable y conveniente.









