elcorreo.com/opinion/ramon-jauregui/ganar-paz-perder-relato
El 20 de octubre de 2011, hace ahora quince años,
ETA anunció «el cese definitivo de su actividad armada».
Soy de los que creen que el final del terrorismo fue una victoria clara de la democracia
y que ha sido una pena que nuestro país no lo celebre como se merece,
es decir, como uno de los grandes logros políticos que integran las grandes conquistas
de la democracia española en estos últimos cuarenta años:
La Transición, la Constitución, la autonomía, Europa, el Estado del bienestar y la paz.
El 20 de octubre de 2011, hace ahora quince años,
ETA anunció «el cese definitivo de su actividad armada».
Soy de los que creen que el final del terrorismo fue una victoria clara de la democracia
y que ha sido una pena que nuestro país no lo celebre como se merece,
es decir, como uno de los grandes logros políticos que integran las grandes conquistas
de la democracia española en estos últimos cuarenta años:
La Transición, la Constitución, la autonomía, Europa, el Estado del bienestar y la paz.
La democracia fue exigente, con infinita precisión,
en su renuncia a la violencia como condición de su legalización.
Incluso en las políticas de reinserción se ha exigido
el reconocimiento del daño causado y ciertas formas
de arrepentimiento personal y petición de perdón.
Hasta ahí, todo bien.
Pero aunque hemos reclamado que condenen su pasado,
que reconozcan que no había ni derecho ni razón para matar,
solo lo han hecho con la boca pequeña.
Hoy me quedo con esto.
De la cal en el asiento a apoyar un gobierno socialdemócrata en Madrid.
Su actitud en Madrid la aplaudo.
Pero no les reconoceré su reconversión global
hasta que condenen claramente lo que tienen que condenar
en su renuncia a la violencia como condición de su legalización.
Incluso en las políticas de reinserción se ha exigido
el reconocimiento del daño causado y ciertas formas
de arrepentimiento personal y petición de perdón.
Hasta ahí, todo bien.
Pero aunque hemos reclamado que condenen su pasado,
que reconozcan que no había ni derecho ni razón para matar,
solo lo han hecho con la boca pequeña.
Hoy me quedo con esto.
De la cal en el asiento a apoyar un gobierno socialdemócrata en Madrid.
Su actitud en Madrid la aplaudo.
Pero no les reconoceré su reconversión global
hasta que condenen claramente lo que tienen que condenar
pero no los únicos hijos de puta que pululaban por el país.
Hoy en día los etarras acompañan a los dinosaurios
y sus descendientes, unos benditos social demócratas en los parlamentos.
Pero vuelve a haber violentos y fascistas entre nosotros.
Y ahora mayoritariamente del "otro extremo" del arco ideológico.
Y a estos últimos no se les trata con la misma contundencia.
Ojo, que mala hierba que no se poda, crece sin control.
