Defender derechos humanos es un derecho reconocido internacionalmente. La Declaración de las Naciones Unidas en la materia, adoptada en 1998, lo reafirma y desarrolla como un derecho autónomo, independiente y multidimensional que genera responsabilidad internacional cuando no se respeta, protege o garantiza.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..
