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martes, 31 de julio de 2018

España, ¿elecciones en el último trimestre?

Es cierto que mirando partido a partido, y a sus intereses particulares, se podría llegar a la conclusión de que a ninguno de ellos les interesa a corto plazo unas elecciones. Pero la votación del viernes pasado en Las Cortes subrayó la vulnerabilidad del experimento Sánchez.

Tal como señalaba este fin de semana Kepa Aulestia en el diario de Vocento, desde el momento en que se hace manifiesta la probabilidad de un adelanto electoral, el presidente deja de ser dueño absoluto de la agenda política. La presunción de que la permanencia en el Gobierno aportará enteros a los socialistas se desvanece, puesto que cabe pensar también en la cuesta arriba de meses de sinsabores para los gobernantes. Si Sánchez elude formalizar un pacto duradero con quienes le respaldaron hace dos meses no es porque no tenga tiempo para ultimar tal acuerdo en agosto, sino porque la consiguiente subasta reforzaría a todos menos a los socialistas: envalentonaría a sus deseados socios –véase Puigdemont–, y enconaría la oposición indignada de aquellos que aspiran a desalojarle de La Moncloa. 

Parece que al día de hoy, Sánchez no tiene otra escapatoria que disolver las Cortes de la manera más decorosa posible tras el verano. Porque mañana ni siquiera podría imputar las culpas de la frustración socialista a los demás. Porque mañana podría ser objeto de otra moción de censura.