¿Por qué se oculta información y no se publican con suficiente transparencia los datos relacionados con la evolución del uso del euskara?
¿Por que se condena a una inmersión en una lengua que no conocen a la mayoría del alumnado vasco?
Exigir euskera en oposiciones garantiza que los puestos queden repartidos en una parte de su población, pero no su uso ni el acercamiento en positivo del resto a esa otra lengua propia del país.

martes, 4 de junio de 2024

Ser Europa. Sabemos que es imperfecta y mejotable,
que en muchas ocasiones decepciona,
pero que se parece más a ese ideal siempre soñado
de libertad, igualdad y fraternidad.

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La construcción nacional española fue incorrecta e incompleta. La patria, la soberanía del pueblo, eran un invento progresista, que venía de una Revolución Francesa que convertía a los súbditos en ciudadanos. Pero en España fracasó la patria del pueblo y triunfó su versión reaccionaria: el nacional catolicismo. Una construcción que, de tan deficiente y excluyente, se cayó después a trozos y nos legó un país acomplejado, incluso cuando dejó de tener motivos para ello. 

España, con todos sus problemas, es hoy uno de los países más prósperos del mundo y en gran medida se lo debemos a la Unión Europea. Una Europa imperfecta, mejorable, que en muchas ocasiones decepciona –como ahora ante el genocidio de Gaza o con su hipócrita política migratoria–, pero que se parece más a ese ideal de libertad, igualdad y fraternidad que aquí llegó más de un siglo tarde. No hacen falta muchas ucronías para imaginar cómo sería este país si no hubiéramos entrado en la UE: uno peor, eso es seguro. 

La Unión Europea ha sido un éxito civilizador, la construcción política que más felicidad ha generado a sus afortunados habitantes.  Fueron los europeos quienes inventaron el estado del bienestar. Y también quienes lograron traer la paz a un continente violento, depredador, colonialista y que provocó las grandes guerras mundiales.