eldiario.es/javier_aroca/papa-r-f-p Hoy al Congreso de los Diputados ha llegado el señor Robert Francis Prevost, R.F.P., jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, firme opositor al trumpismo, firme defensor de la paz, de los derechos humanos y de los pueblos, con una política exterior, casualmente, muy cercana a la del Gobierno de España.
Los no creyentes no se dan por aludidos. En todo caso, celebran con júbilo las contradicciones de su rebaño, y los creyentes, no creo que se convenzan habida cuenta de la extremada interpretación reciente y alejada, diría que herética, de las enseñanzas de Jesús. Si escucharan el mensaje de León XIV, su vicario en la Tierra, con contrición, es para que se borraran. Con sus mejores vestiduras y atavismos tradicionales apuntándose a la nueva religiosidad espectáculo como si de pronto un referéndum imaginario hubiera llevado al convencimiento de las autoridades civiles que todos somos católicos.
Contra la polarización, la ultraderecha, a favor y con los inmigrantes, contra la guerra, por la educación como motor de la liberación y dignidad humana, es decir, dar al César lo que es del César, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, enseñar al que no sabe… Y lástima que, de momento, no ha cogido el látigo para expulsar a los mercaderes y a los supermillonarios del templo y de los palcos.
Este Papa es político, qué duda cabe, y representa el ala más progresista de la Iglesia, clerical se entiende, la doctrina social. Sin embargo, es un monarca absoluto de una monarquía confederal –esa palabra que hace temblar a Aznar por otras analogías– y viene a hablar a una feligresía cuya conferencia episcopal hace mucho que se declaró autónoma de lo suyo, es decir, continuista del nacional catolicismo. Vamos, que quince días más por España y no sería de extrañar que apareciera en alguno de los papeles de la UCO.