Dicen que un veterano cargo popular en la Corte madrileña describió gráficamente así la relación que viven con los socialistas vascos: «Esto no es amor, es sexo».
Y la verdad es que visto desde fuera, a esa media distancia desde la que la ciudadanía podemos observar los devaneos de estos últimos días no podemos menos que estar de acuerdo con la definición dada a esta nueva relación.
Ahora bien, todos sabemos que cuando no media amor o cariño, el sexo suele terminar midiéndose con dinero, y los de la gaviota de eso saben bastante. Aunque tendrán que reconocer que sexo sin amor y a cambio de dinero tiene un nombre muy concreto, un nombre que por cierto lleva la P del PP.
¿Por que se condena a una inmersión en una lengua que no conocen a la mayoría del alumnado vasco?
Exigir euskera en oposiciones garantiza que los puestos queden repartidos en una parte de su población, pero no su uso ni el acercamiento en positivo del resto a esa otra lengua propia del país.