Cuando menos llamativo, sorprendente y,
si no entramos en comparaciones,
hasta gracioso.
No es un pueblo, por su localización en un alto,
al que se pueda llegar a gran velocidad,
y a los visitantes, sin duda, llama la atención.
Sobre todo cuando un día como hoy,
tras leerlo y adentrarte en el pueblo,
no ves ni una vaca y, desgraciadamente,
ningún niño.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..