Enrique Galván:

No podemos dejar ganar a quienes degradan la política

miércoles, 15 de mayo de 2024

El ‘procés’ que se inició en 2012 ha muerto,
el independentismo no.
Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

elcorreo.com//amaia-fano
Quienes se regocijan del hundimiento electoral del independentismo en Cataluña, apresurándose a extender, con indisimulado alivio, el certificado de defunción del ‘procés’, están obviando algo que convendría no perder de vista, no tanto en aras de procurar que la historia no se repita (cosa que parece inevitable dado su carácter cíclico), sino para que no tienda a empeorar.

Que el ‘procés’ se ha desinflado resulta una obviedad aritmética. Si en 2017 el independentismo sumaba un total de 2.079.340 votos, seis años y medio después se ha quedado en 1.361.942, lo que supone casi 720.000 votos menos. Así de simple. Pero decir que está muerto y enterrado expresa más un deseo que una realidad, en tanto la pulsión independentista siga latiendo, aunque muchos de sus votantes se refugien hoy en la abstención o en partidos más radicalizados, como Aliança Catalana, abanderada (esta sí) de un nacionalismo étnico y xenófobo de carácter excluyente.

Como en su día sucedió en Euskadi, en el Principado cada vez son más quienes piensan que para este viaje no hacían falta tantas alforjas y que tanto ERC como Junts deberían dejar paso a un nuevo liderazgo menos histriónico y de convicciones más sólidas.