Una democracia con pobreza no es una democracia. Solo es una democracia cuando todos tienen un mínimo económico.
Si existen 40 millones de pobres, como en EE UU, entonces ese país no es rico.
Un impuesto a los supermillonarios es algo básico.

viernes, 17 de enero de 2025

Feijóo, Puigdemont ... y la poesía.
La historia se repite.

 No encontrará Alberto Núñez Feijóo una manera más poética de dar la razón a Pedro Sánchez que armar una mayoría con Carles Puigdemont. 
Confirmaría la tesis gubernamental de que la amnistía y 
los paños paliativos del doctor Illa han llevado la paz a Cataluña.
 
Hasta tal punto, que populares y juntistas vuelven a susurrarse en la intimidad versos de amor en catalán, como en los tiempos felices de Aznar y Pujol.
La política está llena de esas paradojas: quien se beneficia de tus acciones suele ser el rival que te las criticaba.
Lo sabe bien el tabernero de Lavapiés Pablo Iglesias, por ejemplo, quien seca los vasos y rumia melancólico cómo el PSOE se apropió de su estrategia de polarización —después de demonizarla y combatirla— y le dejó fuera de juego.
La historia se repite desde que el inventor de la guillotina murió guillotinado.