El terrorismo de inspiración nacional pierde todo el sentido, si alguna vez lo tuvo, cuando Euskadi comparece en Shanghai con su economía y su cultura de dos millones de habitantes frente a un gigante de más de mil millones. Además, a los que les duela que Euskadi no organice sus fronteras debería consolarlos que las fronteras de España y de Francia, y con ellas sus almas nacionales, son una realidad cada vez más ridícula, más folclórica, más patéticamente futbolera.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..