Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.
miércoles, 6 de enero de 2016
El problema no es la CUP. El problema es CDC.
Lo escribí tras las elecciones del 27-S y lo repito ahora: el problema no es la CUP, sexto grupo del Parlament, con cerca de 338.000 votos y diez escaños. La CUP tiene la fuerza que tiene y tiene la ideología que tiene: se define como asamblearia, anticapitalista, desligada de las formas de dominación patriarcal y partidaria de una República catalana. El problema es CDC, el partido del president Mas, que ha sacrificado en el altar del llamado proceso su perfil liberal y reformista. En su huida hacia delante ha ido saltando pantallas con una política de tierra quemada: primero se quebró el PSC, luego se rompió CiU, después Unió se partió en dos mitades... y ahora la capacidad de resiliencia de la CUP ha llegado al límite.
El resultado: tres elecciones en cinco años y unas cuartas en el horizonte. (Sigue en La Vanguardia)