Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

miércoles, 6 de enero de 2016

El problema no es la CUP. El problema es CDC.

Lo escribí tras las elecciones del 27-S y lo repito ahora: el problema no es la CUP, sexto grupo del Parlament, con cerca de 338.000 votos y diez escaños. La CUP tiene la fuerza que tiene y tiene la ideología que tiene: se define como asamblearia, anticapitalista, desligada de las formas de dominación ­patriarcal y partidaria de una República catalana. El problema es CDC, el partido del president Mas, que ha sacrificado en el altar del llamado proceso su perfil liberal y reformista. En su huida hacia delante ha ido saltando pantallas con una política de tierra quemada: primero se quebró el PSC, luego se rompió CiU, después Unió se partió en dos mitades... y ahora la capacidad de resiliencia de la CUP ha llegado al límite.
El resultado: tres elecciones en cinco años y unas cuartas en el horizonte. (Sigue en La Vanguardia)