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viernes, 30 de noviembre de 2018

Un enemigo del pueblo (Ágora), en el Arriaga

Henrik Ibsen escribió su obra Un enemigo del pueblo” a final del siglo XIX (1882), en la cual, su protagonista, el Dr. Stockmanndenuncia que la principal fuente de actividad económica, y de ingresos, de su pueblo, concretado en el balneario al que acuden miles de personas, tiene sus aguas contaminadas y es un peligro cierto para la salud; quedando aislado y sólo en la denuncia de ello, enfrentándose a todos sus vecinos. En ese pulso entre la ética, la mentira y sus intereses, el protagonista es derrotado y debe abandonar el pueblo, en una paradoja en la que toma cuerpo una de las citas más célebres del autor: “El hombre más fuerte del mundo es el que está solo”.

Ética Vs Interés Personal es el dilema que se aborda, atravesado con una derivada, polémica, que también forma parte del debate, sobre el sufragio universal, deslizando la sutil pregunta de … ¿todo el mundo está capacitado para ejercer el derecho al voto, con sentido crítico suficiente y alejados de sus propios intereses personales o la simple simpatía por los candidatos?, aunque las preguntas a hacerse a continuación sean ¿quién decidiría quien está preparado para votar?¿quién, o quienes, expedirían los títulos de votantes capacitados?


La obra, en general, coje el texto de Ibsen, y basándose en la trama, utiliza tres o cuatro párrafos de él, los saca de contexto y se monta una asamblea en la que dá la palabra y un micro al público y cada cual decide vivir su minuto de gloria como mejor le viene en gana, en definitiva, desvirtúa la obra y la destroza, sales del teatro con una idea de la obra, que nada tiene que ver con lo que Ibsen pretendió transferirnos allá por 1883.


Cuando el doctor Stockmann lanza ese alegato sobre el sufragio universal, no esta planteando (fundamentalmente) el poder de las mayorías, sino que no se puede votar sobre algo que es evidente, el agua está envenenada y no se le puede seguir dando a la gente, hay que cerrar el balneario y no hay mas votos ni intereses, se está envenenando a la gente y no se puede seguir así ... Esto es lo que viene a plantear la obra y no si tienen derecho o no a votar solo los preparados o si también los ignorantes.

Curioso también que los actores no actúen cuando se le ha dado la palabra a la gente y las cosas están yendo por derroteros muy distintos como, por ejemplo, alguien del público hace un alegato a favor del voto en blanco.

La escenografía podríamos definirla como especialmente minimalista y austera.

En definitiva, creo que el título de la obra y el autor, además de la trama y el texto sobre el sufragio universal, son solo la excusa para atraer gente que, pagando, le hace la obra a este señor y le sirve a él para hacer sus experimento. Mi objetivo era ir a ver una obra de teatro cuando me he visto inmerso en un debate entre el público y los actores. Me gusta saber qué compro y desde luego mi idea no era ir a debatir. Entiendo que la apuesta es hacer una obra interactiva pero una cosa es interactivo y otra que sea el público quien con sus opiniones rellene el tiempo de la obra. Además el debate dejaba mucho que desear.