Han pasado 90 años del 18 de julio de 1936. Nada que celebrar.
Mucho que recordar, reflexionar, lamentar y pensar.
Y mucho que hacer para impedir que se repita.

martes, 4 de agosto de 2020

El morro de los que defienden al emérito.

Se va, dicen algunos, como un último esfuerzo y sacrificio personal para salvaguardar la monarquía, para evitar que se dañe la institución, para contribuir” a que el jefe del Estado pueda desarrollar su función “desde la tranquilidad y el sosiego” que el cargo requiere.

¡Cuanto morro, cuánta desfachatez en esas palabras. Nos toman como imbéciles y acojonados y se ríen, no ya a nuestras espaldas, sino a la puta cara.

Si marcharse de un país con, por ejemplo, cien millones de euros, ayudaría a cualquier ciudadano/a a olvidar su terruño, y facilitaría enormemente subir la escalinata del avión con una sonrisa, estos borbones que fardan de amor patrio y bla bla bla, a la mínima aparecen con el culo al aire y sus vergüenzas expuestas al público.