Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

sábado, 29 de agosto de 2020

Gigantes y cabezudos ... de la derecha extrema.

Si el rubio presidente americano es reconocido como demócrata,
los que le aplauden hasta con las orejas se supone que también lo son.
¿No?
A no ser que si le damos la vuelta a la idea, nos demos cuenta que
si los que aplauden no son demócratas 
ni ganas que tienen de serlo ni parecerlo,
el aplaudido deje mucho que desear en esa faceta.

¿A cuántos votantes 
se la soplará la democracia y la convivencia internacional
y votarán a este esperpento?