Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

domingo, 4 de septiembre de 2022

El trepa de palacio, en Pabellón 6, Zorrozaurre, Bilbao.
Una gran dirección y unos buenos artistas.
El tema, demasiado actual todavía.

 

Pocas veces se vio en España mayor corrupción y desenfreno que durante el reinado de Fernando VII. 

Favoritos del Rey, amigos y allegados, manijeros profesionales, pelotas escandalosos, arribistas sin escrúpulos … todos pintaban algo en aquella corte despampanante. 

Pero nadie como el bailarín Antonio Ugarte – Un, dos, tres – supo bailar el agua al monarca absoluto, nadie como aquel vizcaíno locuaz y vivaracho puede ostentar con más derecho el título indecoroso de Trepa de Palacio.

Un musical golfo, bufo, ¡un cachondeo! Una mirada carnavalesca, satírica, grotesca. ¿Cómo retratar si no una corte en la que reina el amiguismo, que pone marcha atrás al país varios siglos y que profiere soflamas patrióticas al tiempo que dilapida sin compasión la vaca flacucha de las arcas públicas?

Cualquier paralelismo con la actualidad es pura "casualidad". Una casualidad que no pretendemos ocultar. Pero que quede claro que la historia no se repite. Eso nos dejaría indefensos, sin manos, sin voz. La historia se cocina siempre de nuevo, aunque con ingredientes similares. Los que siempre se repiten son los mezquinos Ugartes. Y de ellos, de los Ugartes" actuales, estamos hartos.