El que no tiene dudas, el que está seguro de todo,
es lo más parecido a un imbecil. (J.M. Caballero)
son los días que faltan, según Sanchez, para que el 70% de la población quede vacunada y así lograr la inmunidad de grupo.
Ánimo y responsabilidad

desde que Cataluña tiene un Presidente en funciones.
¿Tan difícil es para ERC soltarse de la sombra de Junts e intentar un Gobierno progresista para el país?

martes, 15 de mayo de 2012

15-M, Democracia, Dignidad e Indignación



Un año después, el espíritu del 15-M sigue afortunadamente vivo. Parece evidente que  viendo que la situación económica no ha mejorado, sino que va a peor, y que el marco político democrático se sigue deteriorando, parece evidente, digo, que tuviera que ser así.
Dignidad contra el miedo
Pero paralelamente a la comprobación de su viveza y actualidad durante estos días, comprobamos también que tenemos miedo. Miedo a que nos echen del trabajo, miedo a que nos reduzcan el sueldo o nos cambien la jornada laboral sin consulta previa ni contraprestación alguna. Y con el miedo se pierde la dignidad. Por eso, ante este miedo no nos queda otra opción que indignarnos. Indignarnos para recuperar la dignidad que nos están quitando, paso a paso, decreto a decreto. Nunca en tan poco tiempo se habían tomado en este país tantas decisiones políticas, económicas y sociales en la misma dirección, tendentes a recortar, cuando no cortar de cuajo, derechos y ventajas sociales que considerábamos bien asentadas y consolidadas.
Dignidad, indignación y democracia. No podemos aceptar relajados y acobardados que la democracia sea solo votar cada cuatro años. La democracia y la dignidad de la gente siempre han caminado paralelas. Y si esta se pierde, aquella desaparece. La democracia se mantiene si las personas vivimos con dignidad, trabajamos con dignidad y podemos manifestarnos con dignidad. Por todo ello, cuando la dignidad y la democracia están en peligro, la indignación es imprescindible.
Hoy, en el aniversario del 15-M, saludo a la indignación, porque solo así salvaremos nuestra dignidad y nuestra democracia. Una indignación que debe asentarse ferreamente en la no violencia y en el rechazo fulminante de cualquier "infiltrado" que trate de tergiversar y prostituir ese sentimiento cada vez mas arraigado y mas necesario.