Ley de seguridad ciudadana la aprobó el Gobierno de Rajoy en 2015 como rodillo contra una calle que, entre mareas sanitarias, educativas y 15-Ms, se le agitaba en demasía.
Y lo hizo en solitario, no solo con el resto del arco parlamentario en contra, sino también con la oposición de las voces más autorizadas de la sociedad: desde el propio portavoz del Sindicato Unificado Policial (SUP), que expresó su "preocupación", a las voces de los juristas más autorizados que veían en ella una preocupante merma en materia de derechos fundamentales, tales como el principio de habeas corpus o la libertad de reunión o expresión.
Un editorial del New York Times dijo de ella que «esta ley trae recuerdos de los peores días del régimen de Franco y no procede en una nación democrática», e instaba a la Comisión Europea a su condena, como hicieron el relator de la ONU o Amnistía Internacional.
Ejemplo evidente de la necesidad de votar en las elecciones.
De construir una alternativa progresista fuerte en el Estado,
que mantenga al PSOE en el lado correcto de todas estas historias.
Sí a la expropiación a los grandes tenedores de pisos en alquiler.
