
Nadie le discute sus méritos. Sobrevivir 50 años tocándole las narices en la puerta de casa al "Supremo" tiene su aquel, pero esa innecesaria idolatría que se ha creado en la isla con su permiso es inaceptable incluso desde dentro de la ideología que dice defender.
Desde luego si algo bueno tienen los vecinos de arriba, con respecto a cómo llevar la democracia es lo relativo al establecimiento de fechas de elecciones y periodos máximos de estancia en el poder de los dirigentes. Algo de lo que no solo Fidel debería de haber aprendido.