Hay personas que tropiezan dos y tres veces por una misma piedra.
Luego los hay que a la tercera dan un paso más, para evadirla.
Otra minoridad termina a la primera quitando la piedra para que no tropiece nadie que venga detrás.
Pero si vas a Madrid, verás a muchos "cojos/as" con muletas diciendo que las piedras son libres de estar donde están.

sábado, 10 de mayo de 2008

Vamos directos a los acantilados

El Lehendakari ya ha conseguido la cita. Y sin esperar a la misma ya ha anunciado de alguna manera todo lo que oficialmente le espera proponer a ZP.

Y casi también se puede anunciar el contenido de la rueda de prensa posterior, puesto que si cada uno se mantiene en sus trece, y hay que reconocer que cada uno tiene claros y lógicos argumentos para hacerlo, aunque por motivos también evidente y manifiestamente diferentes, el objetivo de cara a Euskadi del Lehendakari parece ser el de "demostrar" a la opinión pública vasca que ZP tiene un doble rasero de medir, y eso deberíamos de reconocer que esta mal y es feo. Aunque lo hagamos todos. Y todas.

Es evidente que "Doctores tiene la Santa Madre Iglesia" y no seré yo quien, sin que me inviten, de consejos a nadie fuera de mi república virtual, pero acudir a una reunión con el objetivo de intentar una vez mas demostrar a la ciudadanía que el otro no me quiere, no me hace caso o no me escucha, lo hemos oído ya tantas veces que pienso sinceramente que el electorado lo que quiere es que le solucionen los problemas, no que se los creen artificialmente, prefiere ver sonrisas y abrazos, símbolos de acuerdos, aunque sean falsos, que portazos, lamentaciones y crispaciones que para muchos, cada vez mas, son innecesarias.

Por todo ello, si los pasos que podemos preveer a corto plazo, indican que como en la mar, en casos de tormenta fuerte, cada marinero a sus puestos, y nada de cambios ni movimientos, no vaya a ser que alguien se caiga al agua, entonces el pesimismo seguirá en aumento, puesto que la nave tiene varios agujeros en las bodegas y sin cambios en el puente de mando, sin un cambio de rumbo aprovechando las direcciones de los vientos imperantes, vamos directos a los acantilados.