Sí a la expropiación a los grandes tenedores de pisos en alquiler.

martes, 22 de septiembre de 2026

Feijóo y Abascal. La CEDA y la Falange del 36.
Hoy la violencia en la calle es cosa de la derecha extrema.

En esta España nuestra, camisa blanca de nuestra esperanza, los finos analistas, tan circunspectos, lloran y gimen ante esta polarización, palabra tabú para ellos. No quieren ver lo evidente. Que desde hace muchas décadas, en el siglo XX hubo ejemplos para todo, la violencia estructural, el salvajismo y el rodillo de las ideas proviene de una derecha que ha ido recuperando los peores aspectos de la derecha más tradicional, el convencimiento de que ellos representan al orden divino, ese de que siempre ha habido, y por tanto debe haber por los siglos de los siglos, ricos inteligentes y pobres tontos, hombres fuertes y mujeres débiles, bien diferenciados y sin grises repugnantes, razas superiores y razas inferiores. 

Son ellos, esa derecha feroz, jaleada por unos medios de comunicación cómplices, quienes agreden, quienes emplean el rodillo de la fuerza, los que pisan las cabezas de quienes pretenden rebelarse ante ese orden tan injustamente desordenado. La polarización supone dos radicalismos de igual nivel. 
Y no. El extremismo violento, hoy por hoy, está en la derecha, la que se autodefine como moderada y la que no esconde su virulencia y agresividad, ahora convertidas en esa unidad de destino en lo universal. Eso es, como los de la CEDA y los falangistas, por ejemplo. Lucharemos todos juntos, todos juntos en unión, defendiendo la bandera de la Santa Tradición, que cantaba el Requeté durante la Guerra Civil.
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