El desahucio de Maricarmenl, más allá del tardío acuerdo para que pueda volver, ha catalizado un malestar profundo previo y mucho más complejo.
Es difícil no conmoverse ante una anciana de 87 años expulsada de la vivienda que fue su hogar durante 71 años. Pero no es solo la tragedia personal lo que ha alcanzado el corazón de millones de ciudadanos: el enojo, que difícilmente calmará el regreso a su piso en Madrid, procede de que se mancilló su dignidad con todas las de la ley.
La orden de desalojo había pasado el filtro judicial y fue escrupulosamente ejecutada por un pelotón de funcionarios y agentes a la vista de todos.
Esa perfecta y alarmante adecuación entre los fines lucrativos de una inmobiliaria y los medios coercitivos del Estado ha generado una ola de rechazo transversal.
Es difícil no conmoverse ante una anciana de 87 años expulsada de la vivienda que fue su hogar durante 71 años. Pero no es solo la tragedia personal lo que ha alcanzado el corazón de millones de ciudadanos: el enojo, que difícilmente calmará el regreso a su piso en Madrid, procede de que se mancilló su dignidad con todas las de la ley.
La orden de desalojo había pasado el filtro judicial y fue escrupulosamente ejecutada por un pelotón de funcionarios y agentes a la vista de todos.
Esa perfecta y alarmante adecuación entre los fines lucrativos de una inmobiliaria y los medios coercitivos del Estado ha generado una ola de rechazo transversal.