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lunes, 12 de marzo de 2018

Claro que fue injusto

Bilbao e Iruña, 150 kilómetros de distancia poco más o menos. Mismo día y casi misma hora. En la capital foral, por impulso del gobierno de Uxue Barkos, se honra a las víctimas del terrorismo con la ausencia estentórea de UPN y PP, que berrean no sé qué de farsas y blanqueos. 
En la Villa de Don Diego, bajo la organización del ejecutivo de Iñigo Urkullu, se hace exactamente lo mismo, aunque esta vez la ausencia a gritos es de EH Bildu. 
Para retorcer la esquizofrenia hasta el límite, sí acuden representantes de Eusko Alkartasuna. He ahí el retrato de nuestra normalización eternamente en obras. O, bueno, si me pongo cenizo, a punto de liquidación por derribo. 
No hacen falta progresivas ni bifocales para ver que la resistencia está, como siempre, en los extremos, que más que tocarse, se magrean que es un primor.