
Si, desgraciadamente, estoy hablando en serio y no miento. La decisión, contradictoria con el carácter aconfesional del Estado y sin parangón en otras instituciones públicas, la justifica el Ministerio de Defensa aludiendo a “la tradición secular de los ejércitos”.
Algo ridículo que un presunto estado laico tendría que tener superado hace décadas.