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martes, 23 de abril de 2013

Las dos cazuelas de Boston, una acción de guerra contra los EE.UU.


La semana pasada pudimos ser testigos de cómo la suma de pánicos individuales se transformó en una oleada de terror colectivo gracias en gran medida a la decisión de las autoridades de convertir la explosión de dos bombas caseras en una acción de guerra contra EE UU, movilizando a miles de agentes armados y recluyendo en sus hogares a cientos de miles de ciudadanos [se aplicó el toque de queda, como si Boston fuera atacada por un contingente militar enemigo].
La operación gubernativa paralizó la vida cotidiana en un área urbana que suma 4 millones de habitantes, a la mayoría de los cuales se les suministró otra ración del veneno ideológico y sentimental que el Poder difunde con insistencia desde el 11-S: EE UU es víctima inocente de todas las fuerzas del mal habidas y por haber y, por tanto, el Estado tiene derecho a adoptar medidas excepcionales en el propio territorio, incluida la suspensión de derechos civiles fundamentales y, por si fuera poco, también está legitimado para invadir militarmente o realizar "operaciones encubiertas" en cualquier país del mundo [horas después de las explosiones, el FBI y poco después la Casa Blanca anunciaron que la operación para vengar el atentado  perpetrado en Boston se extenderían hasta el último rincón del planeta, sin respetar fronteras].

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