Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

sábado, 18 de junio de 2016

No se ha hecho justicia en todos los casos e ignoramos el porqué.

De Las Heras, un peón de Blas Piñar
elpais.com/elpais
Los profesionales del crimen político marcaron los pasos significativos de la Transición española en forma más profunda de lo que se acostumbra a reconocer. 
Hay una memoria clara del sufrimiento provocado por el terrorismo de ETA, porque ha sido el más sanguinario y duradero: dejó regueros de sangre entre militares, policías, empresarios y trabajadores antes de iniciar los ataques directos a los políticos. 
Pero ha quedado más en el olvido la ferocidad con que se emplearon los grupos violentos de la extrema derecha, no solo para crear y mantener un clima de tensión callejera, sino en la comisión pura y simple de atentados.
A diferencia de ETA, que utilizó el terrorismo hasta 2010, el de extrema derecha se extinguió mucho más pronto, como el del GRAPO. 
Hay que celebrar el consenso forjado en su día en torno a la idea de que la violencia destruye toda posibilidad de alcanzar cualquier fin que no sea el de perpetuar la propia violencia. Pero también es cierto que no se ha hecho justicia en todos los casos; y que ignoramos el porqué.