Lo que un tipo digno dijo al cacique que le ofrecía cuatro duros por su voto en los años 30:
«En mi hambre mando yo».
Trump (pagar por voto si los republicanos conservan el Congreso en noviembre)
pretende comprar la dignidad de los más humildes’.
Ojalá le den una lección.

martes, 10 de septiembre de 2019

Ojalá la desconfianza fuera el único problema

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En contra de lo que pudiera parecer cuando escuchas a los dos partidos que hoy se reúnen para hablar del Gobierno, hay que dejar claro que la desconfianza no es una enfermedad intratable. 
Es dolorosa y puede agudizarse si no se le pone remedio, pero también puede vencerse. 
Necesita tratamiento y, sobre todo, requiere la firme voluntad del paciente en seguir las indicaciones para su curación. 
La desconfianza se alivia con transparencia, con moderación en el trato y con acercamientos amistosos que vayan debilitando la barrera del rechazo. 
Tampoco es muy grave, si sólo existe ese problema. La preocupación seria surge cuando la enfermedad coincide con otros males que pueden crear complicaciones que acaben por generar un proceso de deterioro irreversible.
Ojalá hoy empiece a verse la salida del 
túnel.