El que no tiene dudas, el que está seguro de todo,
es lo más parecido a un imbecil. (J.M. Caballero)
son los días que faltan, según Sanchez, para que el 70% de la población quede vacunada y así lograr la inmunidad de grupo.
Ánimo y responsabilidad

desde que Cataluña tiene un Presidente en funciones.
¿Tan difícil es para ERC soltarse de la sombra de Junts e intentar un Gobierno progresista para el país?

jueves, 20 de noviembre de 2008

El cuchillo, la despedida y la parcarta

Gerardo Rivas, en un artículo de opinión en elplural.com, nos propone una adivinanza. Se trata de acertar cuál de las tres historias siguientes puede ser la verdadera:

La primera, es la de un parricida que asesinó a su madre de varias puñaladas, y, posteriormente, se arrepintió de haber empleado un cuchillo oxidado por el riesgo de contagiarla alguna grave enfermedad.

La segunda, se produce cuando un timador que dejó en la indigencia a una familia siente, después, una gran pena porque no se despidió cortesmente de los timados.

Y, por último, la tercera trata de un presidente de EEUU que invadió un país a sangre y fuego y que recuerda con disgusto la existencia de una inoportuna pancarta que señalaba “Misión cumplida”, cuando aún tenía que seguir con la masacre.

Pues, desgraciadamente, las tres pueden ser verdad. La mente humana tiene características sumamente contradictorias que la capacita para cualesquiera de estas tres situaciones. Se puede ser ruin y, simultáneamente, tener una actitud tan extremadamente simplona que sublime hasta el paroxismo su propia ruindad y se puede ser mezquino y, a la vez, poseer una hipócrita moral descerebrada que disfrace su mezquindad de un alto valor ejemplarizante.

La persona que mata a su madre, deja en la indigencia a una familia o invade un país por la fuerza dejando por el camino un reguero de muertes inocentes, dolor y sufrimiento, y que no está considerada como psicópata, tiene la ineludible necesidad de demostrarse asimismo y a los demás que tiene buenos sentimientos. Pero ocurre, entonces, que no pudiendo justificar lo horrendo de sus crímenes, focaliza su atención en un detalle secundario de su actuación sobre el que pretende demostrar su espíritu noble con total desmesura e ilógica falta de proporción.