Que no nos engañen.
Si no hay Estado de Alarma es porque el presidente de la Comunidad Autónoma de turno no se atreve a solicitarlo.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Un ¡Hurra! por las monjas.

[Del blog de Luis Solana]

En ese conjunto que forma la Iglesia Católica siempre me han parecido las monjas un colectivo muy especial. Repaso algunos rasgos que me llaman la atención. En primer lugar la vestimenta.

En un país donde hay gentes que defienden que hay que prohibir el velo islámico en las escuelas, resulta que las monjas van con pañuelo (toca) en la cabeza y larga saya hasta los pies. Ninguna diferencia entre una monja católica y una emigrante marroquí creyente.

Cuando algunos españoles miran con sorpresa (o con indignación) a esas mujeres mahometanas de más alla del Estrecho, convendría obligarles a visitar un convento de monjas católicas y que luego contasen las diferencias que han encontrado en las formas. En los contenidos y creencias ya me lo se, hablo de las formas.

Las monjas católicas son siempre unas heroinas. Hospitales, enseñanza, ancianos, miserables, todo eso lo atienden las monjas.

¿Alguien ha encontrado a personas tan atentas a los problemas exteriores e interiores de tantas gentes como las monjas? Pocos .

Pero si un católico tiene que confesar sus errores sólo encontrará en el confesionario a un hombre, a un cura.

Las monjas no pueden perdonar a los católicos o imponer una penitencia previa. Las monjas a trabajar en los problemas sicológicos de los católicos, pero no pueden confesar. Escuchan de todo y a todos, pero no pueden perdonar.

Los curas, que no tienen que cuidar el dolor, sí pueden perdonar el error. La monjas no.

Una mujer monja puede llegar a ser responsable de un colectivo de mujeres monjas, pero nunca de un colectivo de católicos hombres y mujeres.

Supongamos que en Telefónica, César Alierta, decide que las mujeres que trabajan en el Distrito C, tiene que acudir vestidas con velo y falda hasta los tobillos. Supongamos que César Alierta anuncia que ninguna mujer podrá acceder a la dirección de la Compañía. Más aún, César Alierta, anuncia que ninguna mujer podrá ser jamás presidenta de la Compañía.

¿Os figurais la que se montaría? ¿Qué diría la ministra Aído? ¿Qué se comentaría en los telediarios y en los corillos? Telefónica estaría condenada definitivamente por la sociedad española.

Pues eso mismo que nos resultaría insoportable en Telefónica, ocurre todos los días en un colectivo admirable y resignado que son las monjas católicas.

Algún día una sociedad moderna, igualitaria y respetuosa con todas las creencias dirá que eso de las monjas no puede ser parte de una nación moderna e igualitaria.

En España algún día las monjas serán igual que los monjes.