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No es el momento para hacer de todo esto una guerra política más. Dejen de lado sus miserias partidistas y seamos útiles. Las banderas, ni alimentan ni curan virus.
del Estado de Alarma. Quédate en casa. Paciencia, solidaridad y optimismo.

miércoles, 25 de marzo de 2020

A mí lo que realmente me jode, y me jode de verdad, es dejarles a nuestros hijos un mundo peor que el que recibimos.

La terrible recesión económica en curso solo puede paliarse con un descomunal gasto público a escala nacional, europea y mundial. Lo prometido hasta ahora es poco, muy poco.

Me pregunto si mi generación tiene alguna responsabilidad en el hecho de que les estemos dejando a nuestros hijos –los milenial– un mundo tan incierto y tan cruel como el de esta crisis del coronavirus y otros momentos de lo que llevamos del siglo XXI. Quizá sí, quizá cometimos algunos graves errores colectivos.

Quizá fuimos muy ingenuos al renunciar a tener un país más autosuficiente energética e industrialmente a cambio de pertenecer a un club de ricos que, en los momentos difíciles, siempre decide que se salve el que pueda. 

www.infolibre.es/ cuando_vuelva_normalidad
Quizá no fuimos tan feroces como deberíamos haberlo sido en la defensa del Estado de bienestar cuando este comenzó a ser dinamitado intelectual y materialmente por los neoliberales. 

Quizá nos acomodamos excesivamente a la degradación neoliberal de la Sanidad pública porque, bueno, al fin y al cabo, bastantes podíamos permitirnos pagar un seguro privado.

Quizá no fuimos coherentes en la lucha contra el cambio climático: sabíamos que estaba en marcha y sabíamos por qué, pero nos costaba aceptar los sacrificios individuales y colectivos que implicaba un nuevo rumbo. 

Quizá criamos a nuestros hijos en el mismo consumismo desaforado en el que nosotros habíamos caído a finales del siglo XX, consumismo incluso de cosas, como la fiesta o los viajes, muy saludables siempre que se practiquen con moderación, no compulsivamente.

Nos tragamos que la caída del Muro de Berlín era el triunfo de la libertad cuando, más bien, era el triunfo del capitalismo salvaje. Y lo hicimos porque nos resultaba más cómodo. Y solo comenzamos a reaccionar cuando este triunfo del capitalismo salvaje se hizo obsceno.

Cuando vuelva la normalidad, su generación no debería aceptar el regreso de la primacía del interés individual sobre el público. La superioridad del bien común es la base de la civilización. No solo en las vacas flacas, también en las vacas gordas; no solo en las cuarentenas, también en los días de vino y rosas.