Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

domingo, 7 de enero de 2024

Es una obviedad que Vox es socio del PP.
Vox ha entrado en gobiernos de su mano, normalizándolo.
Y así, su ideología y sus actos se normalizan también.

Imagina que te instalas en el móvil una app que reemplaza texto automáticamente.
Configúrala para que a partir de ahora, en todas las noticias que lea, te sustituya 'Vox', 'ultraderecha', 'extrema derecha' y otros términos similares, por 'el socio del PP'. 

La cosa quedaría así:
Los socios del PP ahorcan y apalean un muñeco de Pedro Sánchez. Un socio del PP agrede a un concejal en el pleno del ayuntamiento de Madrid.
El socio del PP dice que el presidente Sánchez acabará “colgado de los pies”.
Socios del PP boicotean el minuto de silencio por las víctimas de la violencia machista.
Decenas de sedes del PSOE sufren ataques de socios del PP. Denunciados dos socios del PP por apología del franquismo.
Un socio del PP, a juicio tras vandalizar un mural feminista.
Socios del PP difunden bulos para criminalizar a los menores inmigrantes.

No pongamos el foco en la ultraderecha, sino en su condición de aliada de esa derecha que se dice a sí misma moderada, centrista y partido de Estado. Cuando lamentemos episodios de violencia verbal y todas esas propuestas políticas que nos repugnan, no olvidemos de quién hablamos: de los socios del PP.


El muñeco de Sánchez después de la paliza de Nochevieja. 
Diego Radamés / Europa Press
eldiario.es/opinion/zona-critica/Isaac-Rosa