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viernes, 14 de septiembre de 2018

Las armas. Si no las vendemos ... ¿Para qué las fabricamos?

Una de las noticias relevantes esta semana es la posible prohibición de venta de armas a Arabia Saudí. 

Entiendo que desde un punto de vista "buenista" es una buena noticia, que no podríamos calificar de otra manera más que "razonable". 

No vender armas a un Estado semi feudal, antidemocrático, religioso, sexista y con todas las connotaciones negativas que te puedas imaginar parece absolutamente lógico.

Ahora bien, si aterrizamos mentalmente en este mundo de locos, surgen muchas preguntas:

Si acordamos que Arabia Saudí reúne todos los adjetivos anteriores ... ¿no tendríamos que condenarla y romper esas relaciones fraternales, en la que los respectivos jefes de Estado se autocalifican de "hermanos"? (No en la fe, pero si en la pasta de sus bolsillos).

Si estamos contra las guerras, ¿lo lógico no sería reconvertir toda nuestra potente industria armamentística? 

Permitir fabricar e impedir vender es de un cierto contrasentido difícil de entender. ¿O fabricamos para luego vender solamente a nuestros amigos? Eso en los mercados libres es difícil de llevar a la práctica.

Quede claro que no me gustan las guerras y preferiría que nadie las fabricase, pero, en este planeta, ¿dejamos que solo Trump y sus colegas enloquecidos sean los únicos que fabriquen armas?

Quede claro que odio la violencia y a quienes la defienden pero ... ¿nos escudamos en los DDHH y despreciamos el dinero que proviene del mercado internacional?


Son preguntas básicas si las respondemos de manera aislada, pero mucho más difícil de responder si las vemos dentro de un mundo entrelazado, interdependiente e imposible de vivir ajeno a las realidades globales del entorno.