Una democracia con pobreza no es una democracia. Solo es una democracia cuando todos tienen un mínimo económico.
Si existen 40 millones de pobres, como en EE UU, entonces ese país no es rico.
Un impuesto a los supermillonarios es algo básico.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Estamos ante la normalización más absoluta del fascismo.


¿Podemos darle la mano antes y después de un acto
y reirle las gracias como si fuese un demócrata mas?

A las generales de abril acudimos movilizados y asustados por el ascenso de la extrema derecha, y salimos aliviados. Pero ¿Qué hemos hecho desde entonces (todos: partidos, instituciones, medios y ciudadanía) para evitar que el nuevo fascismo llegue más fuerte al próximo 10N?

El despropósito y chulería de estas últimas semanas sucede porque saben que pueden hacer y decir lo que quieran: pueden mentir, extender bulos, poner en riesgo a colectivos vulnerables como las víctimas de violencia machista, los menores y las personas migrantes. Y nadie hará nada contra ellos. Estamos ante la normalización más absoluta del fascismo.

Cuando el fascismo se pasea por las calles como por su casa está advirtiendo al resto que es el paso previo a entrar en cualquier lugar, incluida tu cama, incluida tu casa, incluida tu forma de vivir y hasta tu modelo de familia.

Todavía, creo y espero, de nosotros depende.