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lunes, 4 de noviembre de 2019

Si no votas, ya sabes lo que te espera, corazón.

Recuerdo que en los días previos al referéndum de 2016 sobre el Brexit en el Reino Unido hablé con algunos amigos londinenses y estaban convencidos de que era imposible que el UK votara a favor de la salida de la UE. No les daban ningún crédito a unas encuestas que apuntaban a un resultado más que ajustado.

Algunos de ellos –demasiados- se quedaron en casa o simplemente aprovecharon ese jueves para hacer de todo menos cumplir con el deber ciudadano de pasar por las urnas.

Y saltó la sorpresa: casi el 52% de los electores apostó por abandonar la Europa comunitaria, y algo más del 48%, por permanecer en ella.

Dejaron en manos del inglés xenófobo, racista y nostálgico una decisión tan trascendental para la UE y para el propio Reino Unido.

Todo esto y lo que te rondaré morena han traído mis amigos londinenses que no fueron a votar aquel 23 de junio de 2016.

En España, si no somos capaces de ilusionar y movilizar a los votantes de izquierdas y nacionalistas, que conforman la España progresista, nos va a pasar lo mismo o algo parecido.

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