Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

La repetición de las elecciones ha funcionado con la eficacia del Orfidal.

Pedro Sánchez, que temía ser un presidente de Gobierno que no durmiera por las noches con Unidas Podemos en el Consejo de Ministros, ha descubierto el efecto del lorazepam. 

Al final, se ha impuesto el sentido común y ambos firmaron un documento para un gobierno de coalición en el que abundan las adversativas, pero que resulta una ruta para no tropezar en la primera curva. El roce hace el cariño y toda nueva amistad necesitará tiempo. Y lo que es más importante, la verificación de la lealtad mutua.

Los redactores del preacuerdo han hilado fino. La música suena aceptablemente bien, luego habrá que ver si la orquesta afina. Puestos a sumar abrazos, Iván Redondo (el gurú de Sánchez) se fundió con Pablo Iglesias. El efecto del Orfidal en los ciudadanos supera, a menudo, el tiempo fijado en el prospecto.lavanguardia.com/opinion/el-efecto-del-orfidal